Pena de muerte, así intentó Sonora hace 50 años acabar con el delito

por: Uniradio Noticias - 31 Octubre 2017, 05:55 pm

Por Alán Aviña

Hermosillo.- Los maúser rugieron y dos cuerpos cayeron con su mueca mortecina. Así intentó Sonora hace 50 años acabar con el delito.

“Exactamente a las 5:05 se escucharon las descargas. Zamarripa cayó hacia atrás y se quedó sentado recargado en el paredón. Corrales se precipitó a la izquierda agonizante. Luego Zamarripa cayó sobre Corrales. Los policías tiraron las matracas, pero los reos quedaron vivos. El jefe del pelotón sacó su 45 y les dio el tiro de gracia”.

Este es un pasaje del libro “Tres formas de morir…y una misma historia”, del abogado y escritor, Miguel Ángel Avilés, que recrea las ejecuciones de José Rosario Don Juan Zamarripa y Francisco Ruiz Corrales, el 17 de junio de 1957.

La pena de muerte ejecutada por el Juez Alberto Ríos Bermúdez, que es la penúltima dictada en el código militar y civil en México, tuvo como intención propinar un escarmiento ante el aumento de los homicidios y las violaciones.

“Aseguran que fue la última pena de muerte en el país, y no fue así, la última fue en Saltillo, al que se ejecutó fue a un soldado, por insubordinación por vía de hechos”, precisó Miguel Ángel Avilés.

Zamarripa no se vendó los ojos, quiso presenciar la ejecución y pensaba que haber servido a la Revolución le valdría el indulto. Era originario de San Luis Potosí, y vivía en Pótam.

“Por el delito de violación,  se les condenaba a pena de prisión, así lo establecía el código, en tanto que por el delito de homicidio, en ese entonces llamado así y que ahora podría llamarse feminicidio en perjuicio de las dos menores, sí recibieron la pena de muerte”, apuntó.

Cuando se le notificó la pena, pidió que avisaran de su muerte a su madre Higinia. En un papel, escribió que moría con la esperanza de descansar.

En cambio, Corrales, quien vivía en Hermosillo, cuando estuvo a punto de recibir las balas paró el pecho en actitud militar.

No avisó a su familia de su muerte, y en el acta donde se le notificaba la pena firmó “Penitenciaría”, debido a su “desquicio en el cerebro”, según relata el escritor y abogado.

“Si se hubiera hecho un estudio de personalidad, al momento de ser procesado, a lo mejor se le declara inimputable, y su tratamiento como posible responsable de un delito hubiera sido otro”, agregó.

Las tumbas de Zamarripa y Corrales en el Panteón Yáñez ya cumplieron 50 años, y la sociedad hermosillense se ha encargado de que sus cruces no dejen de estar dibujadas de rojo, para preservar el estigma por sus actos. 

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