Mayra González

Mayra González

Columnista

Vive la vida, disfruta y deja vivir

31 Octubre 2017

Por Mayra González

Muchas personas se han sacrificado por otras pensando que eso las hace mejores. ¡Falso! El sacrificio sólo puede proceder de pensamientos de carencia, porque es como decir: “No hay suficiente para todos, así que yo me privaré de ello y me sacrificaré por los demás”. Esos sentimientos no son agradables y al final conducen al resentimiento. Recuerda que cada persona tiene la responsabilidad de invocar sus propios deseos. No puedes invocar algo en nombre de otra persona porque no puedes pensar ni sentir por otro.

Tu trabajo eres tú. Cuando sentirte bien se convierte en tu prioridad, esa espléndida frecuencia irradia y alcanza a las personas que tienes más cerca.

Te podrás preguntar, ¿qué es lo que sigue en la vida? y la respuesta es simple, hay que disfrutarla lo más ampliamente posible, haciendo las cosas que desees hacer. Y por consiguiente dejando vivir a los demás su propio cuento, con su propia historia, con su vida.

Ocúpate de ti, ocúpate de tu crecimiento, de tu desarrollo, ocúpate de cumplir contigo mismo antes que con la sociedad y deja a los demás que se ocupen de ellos mismos. Quizás, por ejemplo, no es momento para que tu pareja entienda que no debe de preocuparse tanto, ocúpate por no preocuparte tú por sus preocupaciones y verás que es la mejor forma en que puedes ayudar, esa es tu misión, es como tú puedes cooperar en la situación. Somos energía y todo se transmite a los demás.

Si sientes que tu bebé (de cuarenta y tantos años) no toma responsabilidades ante la vida, déjalo, a lo mejor no viene a esta vida a ser responsable.

No quiere decir que vamos a aceptar situaciones insanas nada más por dejar vivir a los demás y que sean como ellos quieren ser, recuerda que tú tomas la decisión en tu vida, aprendes a vivir en ese entorno, si así lo deseas, o bien, cambias de entorno, te alejas de lo tóxico, pero por favor ¡Ya no te quejes! porque es tu decisión consciente de estar viviendo lo que vives y con quien vives. La manera en que ves el mundo depende de las emociones que sientes.

En muchas ocasiones, hay que tomar decisiones que duelen al corazón, pero que tranquilizan el alma.

Como te has dado cuenta, es difícil y casi una misión imposible el tratar de cambiar a los demás. Hazte la pregunta a ti mismo ¿Quién puede ayudarte a cambiar? Quizás pienses que tu mamá, tu papá, algún amigo, tu pareja, ninguno podrá hacer algo por ti, como lo puedes hacer tu mismo.

La persona que depende de los demás no vive ni deja vivir a nadie que se encuentre a su alrededor. Quiere controlar, se vuelve perfeccionista, se cree una víctima, sufre, llora, se enoja, manipula para lograr lo que cree correcto y poder sentirse satisfecho. A pesar de todo este aparente control sigue sufriendo, creando crisis, no se siente feliz y no deja a los demás vivir en paz.

Vive tranquilo y deja vivir en paz a los demás. Hasta la fecha por más que hemos tratado de cambiar el pensamiento y la actitud de otra persona es inútil, lo comprueban tantos meses y años de infructuosa lucha por querer lograrlo. Seguir en este empeño es negación de la realidad y mucha dependencia hacia los demás. Hay que reconocer que no tenemos el poder de cambiar a nadie y que solo podemos cambiar a nuestro yo.

Muy a menudo hacemos cosas que no queremos, decimos lo que no queremos, lloramos cuando queremos reír, hablamos cuando debemos callar, etcétera, preguntémonos, ¿Si es difícil dominarnos a nosotros mismos, cómo queremos dominar a los demás?

Tu vida te pertenece, tus seres queridos no, puedes orientarlos, sugerirles, controlarlos tal vez momentáneamente, pero no puedes ni debes querer vivir sus vidas. Todos tienen derecho a tomar sus propias decisiones, adquirir sus propias experiencias, lograr sus triunfos y derrotas, tener sus propósitos en la vida ya que no son robots que reciben órdenes y comandos.

Si tenemos un familiar con problemas, el querer su bienestar no nos da el poder de querer controlarlo, si Dios nos dio el libre albedrío, ¿Quiénes somos nosotros para quitarlo? Es duro, muy duro soltarlos, pero al dejarlos libres no mueren, seguro cargarán con sus problemas y solo entonces al hacerse responsables de sí mismos, reconsiderarán si vale la pena seguir por ese camino o cambiar de rumbo y buscar ayuda.

El resolverles todas las cosas a nuestro ser querido, centro de nuestra obsesión, solo atrasa su tiempo para recuperarse, lo hará él mismo cuando toque fondo, cuando sea su tiempo, su momento. Cuando tome la decisión lo hará con su ayuda y no con la tuya. Al igual que tú decides cambiar por decisión propia. Demos el derecho a los demás de pensar diferente a nosotros, siendo más humildes sin creernos más inteligentes o listos y dejando la crítica.

Hoy es el día de no inmiscuirnos en problemas ajenos, no creer saber lo que otro tiene que hacer, no tratar de moldearlos a nuestra imagen y semejanza, no creer tener la verdad absoluta, no creer saber lo que ellos piensan o necesitan, dejarlos ser ellos mismos y confiar en que ellos también nos dejarán vivir nuestra propia vida.

Recuérdalo siempre, necesitamos valor para cambiar.

 

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