Nancy Hernández

Nancy Hernández

Nancy Hernández ME, Integración y Desarrollo de Talento

LA VIGA EN EL OJO AJENO

19 Marzo 2017

Por Nancy Hernández
 
 
Un tipo llama al médico de cabecera de la familia:
—Ricardo, soy yo, Julián.
—¡Ah! ¿Qué dices, Julián?
—Te llamo preocupado por María.
—¿Qué pasa?
—Se está quedando sorda.
—¿Cómo que se está quedando sorda?
—Pues sí, necesito que la vengas a ver.
—Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina, así que el lunes tráela al consultorio y la reviso.
—Es que no quiero esperar hasta el lunes.
—Bueno, ¿cómo te diste cuenta que no oye?
—Porque la llamo y no contesta.
—Mira, puede ser nomás un tapón en la oreja, vamos a detectar el nivel de sordera de María, ¿dónde estás tú?
—En la recámara
—¿Y ella dónde está?
—En la cocina.
—Bueno, llámala desde ahí.
—¡MARÍAAA! No, no escucha.
—Bueno, ve al pasillo y grítale.
—¡MARÍAAA… MARÍAAA! No, no hay respuesta.
—A ver, no te desesperes, usa el teléfono inalámbrico y acércate para ver cuando reacciona.
—¡MARÍAAA… MARÍAAA… MARÍAAA… MARÍAAA! No, doc, estoy en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas lavando trastes, pero no me escucha.
—Acércate más.
El tipo entra a la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: 
—¡MARÍAAA!
La esposa furiosa se da vuelta y le dice:
—¿Qué quieres, qué quieres, qué quieres? Ya me gritaste como 10 veces y 10 veces te contesté ¿qué quieres? Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no vas con el médico de una buena vez.
 
Es la historia del primo de un amigo… 
 
Quiero traer esta problemática al ámbito empresarial y al día a día en los negocios. Es común que cuando hablamos de comunicación en la empresa parece que estamos hablando de corregir los problemas del otro; en el mejor de los casos, encontramos que estos problemas se limitan a que yo le digo de una forma a algo que tú le dices diferente, y todo se resuelve si todos nos ponemos de acuerdo en cómo decirle a las cosas.
 
Eso resuelve en una parte el problema. Como la sordera del señor, debemos buscar las verdaderas causas y no confundirnos con los síntomas o las circunstancias que nos rodean. 
 
Hay algunas cosas que debemos tener claras:
 
Entender la verdadera razón para comunicarme. Nos interesa que haya alguien cuando tenemos algo que decir, porque queremos que las personas hagan algo, desde cosas muy sencillas hasta asuntos de vida o muerte. Es decir, el fin de la comunicación es poner en acción a las personas.
 
Tengo interés en comunicarme. En algunas ocasiones estamos “de cuerpo presente” y hay nulo interés en la comunicación, esto no sólo aplica para quien escucha, también el que habla puede no estar interesado en decir algo. 
 
Estoy consciente de la comunicación no verbal. En la mayoría de los casos no estamos entrenados para ser congruentes entre comunicación oral y no verbal, lo hacemos de manera automática, sin reflexionar, el ejemplo clásico lo vemos con los hijos, decirle una cosa y expresar otra con nuestro cuerpo, por lo tanto el mensaje se distorsiona y no hay el efecto esperado.
 
Hablamos de lo mismo. Cuando dos personas se enfrascan en una discusión, llega una tercera y les dice que están hablando de lo mismo, la comunicación se perdió en el momento en que quiero que se hagan o digan las cosas bajo mis propios términos. Convertimos el diálogo en monólogo.
 
Hay temperamentos. Cada uno de nosotros tiene una forma en particular de comunicarse, hay gritones que mueven las manos, quienes hablan quedito o despacio, o quienes parecen tarabillas; conociéndome, tendré mejores oportunidades de escuchar y ser escuchado.
 
Las emociones. Tratamos con gente, no con robots. Las palabras y la forma en que las decimos son detonantes de las emociones. Ya sabemos cómo hacer enojar o reír a las personas con quienes convivimos. Hay que usar este recurso inteligentemente.
 
Les recuerdo que no hay que tener miedo a discutir, desgraciadamente le hemos dado una connotación negativa a esta situación, hay que centrar las discusiones en plantear nuestras posturas, (para ello tenemos primero que tener una) como si la estuviéramos platicando a alguien que ya está de acuerdo con ellas, después vendrán los cuestionamientos relacionados y podré dar respuestas. 
 
Las “discusiones” se acaloran porque sentimos que al cuestionarnos somos atacados en nuestro aspecto personal, pero no siempre es así, menos cuando hablamos de trabajo, debemos reaprender si es necesario para comprender y asimilar esta forma de trabajar y de vivir.
 
Las discusiones son buenas cuando nos llevan a los acuerdos, a las tareas, a las acciones y por supuesto a los frutos de nuestro trabajo; ese debe ser el fin de la comunicación, de las discusiones, del diálogo; en la empresa es un factor vital que afecta tanto la productividad como al clima laboral. Si llegamos a un punto en que la comunicación ya es un problema en el negocio, hay que buscar ayuda externa y seguir todas las recomendaciones que nos den los expertos, a menos que optemos por seguir como estamos o empeorar.
 
 

Los comentarios en las notas son responsabilidad de quien los emite. Participa responsablemente y denuncia los comentarios inapropiados. Los comentarios ofensivos o que sean denunciados por los usuarios se eliminarán de inmediato.