Francisco Javier Huerta

Francisco Javier Huerta

Columnista

Crisis de Liderazgo

9 Febrero 2018

Predominan los intereses particulares sobre los comunes en el actuar de los dirigentes, ejecutivos, gobernantes y directivos.

 

Por Francisco Huerta

El inicio de un nuevo año representa siempre una oportunidad para empezar con ímpetu nuevos proyectos, metas y objetivos. En muchos de los casos el fin de año nos permitió hacer un balance y replanteamiento de lo que pudimos lograr y lo que nos falta por hacer en los próximos meses.

Todos los escenarios en los que nos movemos plantean siempre retos y desafíos: en lo personal, lo emocional, conductual, espiritual, sentimental, pero también el ámbito familiar y social.

Actualmente todos estos escenarios presentan sin duda una crisis de liderazgos. Es evidente que predominan los intereses particulares sobre los comunes en el actuar de los dirigentes, ejecutivos, gobernantes y directivos tanto en la iniciativa privada como en el servicio público.

La sociedad padece la imperiosa necesidad de dirigentes que sepan aprovechar y desarrollar el talento de sus colaboradores y dejar de solo aprovecharse de forma utilitaria de las personas cosificándolas y dejando de lado su dignidad.

El ímpetu de inicio de año bien puede ser un pretexto para reflexionar al respecto de nuestro papel de líder, al menos de nuestra propia vida, en algunos casos también de nuestra familia, y quizá en otros, de nuestro negocio o empresa y si es el caso hasta de una posición de apoyo en alguna dependencia de gobierno.

La literatura especializada en torno al liderazgo y las prácticas asociadas, frecuentemente nos alertan sobre aquellas pautas que debemos evitar, así como aquellas en las que debemos poner especial atención en desarrollar en nosotros mismos y al mismo tiempo promover entre nuestros colaboradores que a su vez tienen la tarea de dirigir equipos de trabajo.

Pasemos revista en esta ocasión, sobre aquellas prácticas que debemos evitar o de preferencia eliminar de nuestro repertorio. Son conductas, actitudes o creencias que tienen algunos dirigentes y que en nada abonan al desarrollo de los colaboradores.

Hay Niveles: Se mantienen con la creencia de la jerarquización organizacional, estableciendo diferencias entre los rangos de inferioridad y superioridad dentro de la institución y su trato para con los colaboradores va de acuerdo al nivel en que estos se encuentran, con una clara diferenciación entre los de más alto nivel a quienes muestran sus mejores formas y en contraste con respecto de quienes se encuentran en una menor escala en el nivel de la organización, a quienes tratan con la punta del pie.

Títulos Nobiliarios: les tiene sin cuidado el impacto que pudiera tener su trabajo en la sociedad. Buscan cambiar de organización constantemente siempre que represente una mejora en sus ingresos y siempre procurando una posición de mayor rango en la pirámide y con un título o cargo más largo que llene su tarjeta de presentación.

Obsesión por mandar. Tienen la firme convicción que su tarea primordial consiste en señalarle a cada uno de los miembros de su equipo de trabajo cada una de las cosas que tienen que hacer, siempre con un uso y abuso de poder y con las formas menos adecuadas. Ignoran y no prestan oídos a las ideas de sus colaboradores y no piden opinión ni escuchan diferentes puntos de vista.

Castigos y más castigos. Se muestran intolerantes ante cualquier fallo de parte de sus colaboradores y frecuentemente buscan cómo imponer una sanción cuando las cosas no van bien, esto genera un ambiente insano asentado en el miedo a ser castigado de nuevo.

Cosifican al colaborador. Pierden de vista la dimensión humana de los colaboradores. Nunca hablan de lo que sienten y cómo se sienten ni permiten, mucho menos promueven que los colaboradores lo hagan.

Se cuelgan las medallas. Como dice el refranero, hacen caravana con sombrero ajeno, por supuesto cuando las cosas salen bien, porque cuando es lo contrario, siempre buscan un culpable y en última instancia la culpa es de los demás, dejando de asumir su responsabilidad como dirigente.

Con el látigo. Se pasan la mayor parte de su tiempo supervisando y corrigiendo el trabajo de los colaboradores, quieren mantenerlos siempre bajo su ojo y no les permiten actuar por iniciativa propia. Son la principal causa de la desmotivación de sus equipos.

En el siguiente número revisaremos aquellas prácticas y actitudes que debemos adoptar y promover entre los colaboradores.

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